Por ahí ando contando las gotas de oxígeno que quedan sin estar contaminado. Por ahí ando diciéndole al mundo dame un segundo que me falta el aire. Y el aire y el oxígeno que me falta, se me va en un ataque de asma, mientras los doctores me dicen que sin dinero no tengo derecho a la salud. Y hasta cuando, estarán por ahí las víctimas de la pobreza, que la salud les pesa y que deciden apostarle a los santos. Hasta cuándo, estarán las grandes compañías y los ignorantes, pensando que la cuestión de la salud es un agravante para el comercio y que conviene estar enfermo. Y por ahí anda el oxígeno deambulante, buscando un árbol que lo aguante porque a él lo venden en frascos llenos de etiquetas con efectos secundarios. Y desde cuándo la salud tiene tan alto precio, que aquel que nazca enfermo, se le niegan los derechos de seguir pa’lante porque anda lleno de deudas. Me pregunto, hasta cuándo. Cuántos ataques de asma van a ser necesarios para que los pulmones dejen de funcionar y hasta cuándo los farmacéuticos del mercado me dirán que no pueden hacer nada, pero si voy a emergencia un tratamiento del asma me saldrá unos cuantos miles.
Esta es mi historia. 23 años, dos operaciones de corazón abierto, una angioplastia. Padezco de síndrome de “superwomen” porque entiendo que he visto el tiempo que se acaba muy cerca. He carecido de valor para decir que me enfermo y escondo la cicatriz para que el que me contrata no me vea como enfermiza. Tengo deudas, la maestría costó alrededor de $30,000 en préstamos. Pensé que era una deuda que daría frutos y hace un año me dio un catarro que se volvió infección y caí en el hospital de Miami. Cinco días significó $35,000; más que la maestría, y eso que tenía el plan obligatorio de la universidad que salió nada más y nada menos que $2,500 por el año. Y ¿si no hubiera tenido préstamos, crédito, si tendría hijos, si mi vida fuera mucho más complicada? Me pregunto qué hacen aquellos más pobres. Con todo eso el deducible son unos cuatro mil. Llevo dos días con asma, no quiero faltar al trabajo por eso de que no cobro pero debo ir antes de que empeore. Tengo una máquina, que la conseguí porque me la regalaron y dándome terapias la mascarita no está sirviendo. Pedí una en la farmacia, en dos Walgreens y CVS y me dijeron que eso lo vende un “hospital/medical supplier” y ni me dijeron que pena. Sino que me advirtieron que tratara de aguantarme y sino que fuera a emergencias pero que eso costaba unos $500-$1000.
Hoy levanto el puño en lucha, porque la salud no debe depender de la billetera. Si eso soy yo, con mis 23 años y con algo que he podido resolver cuánta gente debe haber que no va a un médico para ahorrar y termina con deudas o pagando con su vida.
Dile no al abuso y pide que se haga algo.
No es justo que hasta el poder de respirar esté controlado por las compañías y los grandes intereses.
Y si tienes salud, repártela, si puedes regálame un poquito y has una fiesta por tu suerte, ya que miles no la tienen.
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It was a bit shocking to see a post in Spanish but I believe that is awesome. It’s incredible how we don’t take time to consider the difference between a self indulged sickness for bad habits vs. congenital or diseases that come, without a choice, that limit the possibility of someone to be “normal” not only in health but financially and with that quality of life. I’m very happy she has taken the time to tell her story, more people should know about it. I would have never guessed I could “meet” a 20 year old with heart surgery, not once but twice!!! Amazing! Keep up the work! Let’s spread it out to our young dem’s and keep the stories like this one coming!
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